Hola a todos. Hoy voy a centrarme
en algo que todos deberíamos intentar. SER
FELICES. Algo que tenemos en común todas las personas es que anhelamos ser
más felices. Muchos buscan esa felicidad en tener: cosas, relaciones, dinero,
diversión. Otros leen libros, van a cursos, escuchan música…. Todo vale a la
hora de buscar esa felicidad. Pero… ¿Realmente
puedo entrenarme para ser más feliz? Si. Y no solo ser más feliz, si no
también centrarte en valorar las pequeñas cosas del día a día.
Si programas a tus neuronas para
que sean más receptivas a la felicidad, tarde o temprano terminaremos sorteando
la tristeza. Si, por el contrario, nuestro comportamiento enseña a nuestra
materia gris a interpretar lo que nos ocurre de forma negativa, dará igual todo
lo bueno que nos ocurra, puesto que no habrá manera de que podamos sacar
provecho de ello.
Es difícil ser feliz plenamente
cuando aquello que te hace ser feliz es que te toque la lotería, sacar un 10 en
un examen o ser elegido el mejor jugador de tu liga o deporte. Y es difícil
porque establecemos el listón demasiado alto y en cosas que no podemos mantener
o que ocurren solo muy de vez en cuando. Pongamos el ejemplo de que sacas un 10
en un examen: en ese momento eres muy
muy feliz, la alegría recorre tu cuerpo y te sientes genial durante un tiempo.
Pero cuando te den la próxima nota y no sea un 10…. ¿cómo te sentirás? ¿El
resto del tiempo no podremos ser felices porque no hemos sacado un 10 o porque
hoy no me ha vuelto a tocar la loteria?
Por tanto voy a intentar daros
algunas claves para que entrenéis vuestro cerebro para ser más felices. ¡ La felicidad empieza en uno mismo!
·
Empieza por disfrutar de las pequeñas
cosas.
Sensaciones. Creo que es una parte muy importante a la hora de
disfrutar un poco más de todo lo que nos rodea día a día. Os voy a poner un
ejemplo de lo que yo hago un día normal al levantarme y luego como se podría
hacer:
1. Suena
el despertador. Lo apago y me levanto de cama. Abro la persiana y me voy al
baño. Me lavo la cara y me desperezo. Voy a la cocina y me pongo a preparar el
desayuno. Me hago un café con leche y desayuno lo que en ese momento haya en
casa. Al acabar recojo y me doy una ducha.
¿Qué pasa aquí? Normalmente tenemos
tan mecanizadas esas acciones que no
las disfrutamos. Ni siquiera pensamos al llevarlas a cabo.
Vamos a intentar hacer ahora lo
mismo pero viéndolo desde otra perspectiva.
2. Suena
el despertador. En un primer momento no quiero levantarme de cama pero luego
pienso en todo lo que voy a hacer hoy. Me levanto y al abrir la persiana veo
que hace muy buen día. Hay una pequeña brisa fresca pero el sol ya
inunda mi habitación y puedes notar su calidez.
Voy al baño y al echarme agua en la cara disfruto
de esa sensación refrescante y de cómo se destensan los músculos de mi
cara. Voy a la cocina y al preparar el café con leche puedo oler el café
mientras se hace. ¡Qué olor más rico!
Me pongo a desayunar y como mis cereales favoritos. Su sabor me recuerda a cuando era más pequeño. Al acabar recojo
todo y voy al baño a darme una ducha. Cuando te echas el champú te das cuenta
de lo bien que huele y de esa sensación refrescante
en la cabeza. Al salir de la ducha te das cuenta de lo bien que te sientes estando limpio y lo bien que huele el baño
ahora.
Realmente si os fijáis he hecho lo
mismo, ¿qué diferencia hay? Un tema
de perspectiva. Intentar disfrutar más
de aquellas cosas que hacemos de forma cotidiana y a las que no le damos mayor importancia
porque las disfrutamos hace mucho tiempo. Con esto no quiero decir que todo sea
placentero, pero ¿quién no disfruta cuando le da el sol en la cara al abrir la
persiana o al darse una ducha?
Me parece que es un ejercicio tan sencillo que todos deberíamos intentarlo durante unos días y probar a comparar como te sientes dándole importancia a esa sensaciones a cómo te sentías habitualmente. Si no somos capaces de tomarnos la vida desde otro punto de vista, será simplemente porque no lo hemos intentado lo suficiente.
Me parece que es un ejercicio tan sencillo que todos deberíamos intentarlo durante unos días y probar a comparar como te sientes dándole importancia a esa sensaciones a cómo te sentías habitualmente. Si no somos capaces de tomarnos la vida desde otro punto de vista, será simplemente porque no lo hemos intentado lo suficiente.
·
Fija prioridades. No intentes estar
en varios sitios al mismo tiempo.
La gran cantidad de información de
la que disponemos hoy en día no favorece nuestra toma de decisiones, sino que a
veces nos paraliza y nos impide distinguir entre lo correcto y lo inadecuado.
¿Qué podemos hacer para evitarlo? Descartar
la multitarea, fijar prioridades, organizarnos mejor, no consultar
continuamente el correo electrónico y aprender a procesar la información
dedicándole tiempo para que cristalice en nuestra cabeza.
·
Enfoca la atención de tu materia gris
en el bienestar emocional.
Muchas personas desconfían de ello,
pero diversos estudios han recordado que el mero hecho de sonreír favorece
nuestro bienestar. Siguiendo esa regla de tres, ¿cómo nos sentiremos si sólo
pensamos en lo malo que nos puede ocurrir en un futuro lejano?
Los pensamientos negativos influyen
en ti: perturban tus interacciones con lo que te rodea y afectan tu capacidad
para percibir, recordar y crear nuevas conexiones neuronales.
Por el contrario, si somos capaces de centrarnos en lo
positivo o pensar en el futuro no como una catarata de problemas sino como una
amplia lista de posibilidades, no sólo seremos más felices, sino también más productivos, reactivos y discurriremos
mejor. Haremos también más felices a aquellos que nos rodean haciendo su
día más placentero y estableciendo una buena relación recíproca.
· Realiza actividades que inunden tu
cerebro de dopamina y serotonina, entre otros “químicos de la felicidad”.
No nos gusta pensar en nosotros mismos como seres que se
mueven por caprichos hormonales, pero lo cierto es que la dopamina, una sustancia liberada por el cerebro, está ligada de
manera muy directa con la
motivación, el placer y la cognición. Enamorarse, hacer el amor, realizar
una actividad placentera, alimentarse correctamente o hacer ejercicio son
actividades que favorecen la producción natural de estos químicos.
Aquí entra el gran papel que tiene
el deporte en la liberación de estas
hormonas. Cada vez que se practica actividad física, el organismo humano
produce serotonina, un neurotransmisor comúnmente conocido como la
"hormona de la felicidad". Es habitual esa sensación placentera
que tienes cuando acabas de hacer deporte o ejercicio físico. Es una sensación
extraña porque te sientes cansado pero a la vez estás como
"flotando". Esto es producido por estas hormonas.
La serotonina es tema de numerosas investigaciones desde hace
tiempo: influye considerablemente en el sueño, en el humor, en el apetito, la temperatura
corporal y la sexualidad. La carencia de esta sustancia puede causar
trastornos como insomnio y migraña, y favorecer la aparición de estados de
ansia. Cuanto más baja es la producción de serotonina, más fuerte es la
sensación de cansancio que se advierte durante el día.
Un buen descanso y un sentimiento de felicidad y satisfacción constante son algunos de los beneficios de los que gozan quienes practican deportes o dedican unas horas por semana al movimiento. La producción de serotonina es favorecida no sólo por el ejercicio físico sino también por el consumo de ciertos alimentos, como leche, productos lácteos, plátanos y chocolate. Por eso un vaso de leche antes de irse a dormir asegura un sueño intenso, y por eso un delicioso trozo de chocolate siempre llena de alegría.
Un buen descanso y un sentimiento de felicidad y satisfacción constante son algunos de los beneficios de los que gozan quienes practican deportes o dedican unas horas por semana al movimiento. La producción de serotonina es favorecida no sólo por el ejercicio físico sino también por el consumo de ciertos alimentos, como leche, productos lácteos, plátanos y chocolate. Por eso un vaso de leche antes de irse a dormir asegura un sueño intenso, y por eso un delicioso trozo de chocolate siempre llena de alegría.
Al realizar ejercicio físico continuado, liberamos endorfinas, uno de los
mejores antídotos contra el estrés, el
dolor, la fatiga, la depresión o la ansiedad y al dejar de percibirlas,
nuestro cuerpo y mente las echa en falta. Asimismo, cuando sentimos dolor, las
endorfinas actúan como analgésicos endógenos inhibiendo la transmisión del
dolor al cerebro.
Son sustancias químicas producidas
por el propio organismo, muy similares a los opioides (opio, morfina, heroína)
pero sin sus efectos negativos. El
estrés derivado del ejercicio físico provoca un aumento de la cantidad de endorfinas presente en sangre y en el
líquido encéfalo raquídeo. Se retrasa la
fatiga lo que produce una sensación de vitalidad y bienestar.
Hola Christian,
ResponderEliminarSoy Natalia, Responsable de Comunicación de Paperblog. Quisiera disculparme por dejarte un comentario en el blog, pero no he encontrado otra manera de contactarte. Tras haberlo descubierto, me pongo en contacto contigo para invitarte a conocer el proyecto Paperblog, http://es.paperblog.com, un nuevo servicio de periodismo ciudadano. Paperblog es una plataforma digital que, a modo de revista de blogs, da a conocer los mejores artículos de los blogs inscritos.
Si el concepto te interesa sólo tienes que proponer tu blog para participar. Los artículos estarían acompañados de tu nombre/seudónimo y ficha de perfil, además de varios vínculos hacia el blog original, al principio y al final de cada uno. Los más interesantes podrán ser seleccionados por el equipo para aparecer en Portada y tú podrás ser seleccionado como Autor del día.
Espero que te motive el proyecto que iniciamos con tanta ilusión en enero de 2010. Échale un ojo y no dudes en escribirme para conocer más detalles.
Recibe un cordial y afectuoso saludo,
Natalia